HISTORIA DE LA CAMISA









La historia de la camisa puede remontarse al 1500 a.C., cuando los egipcios, tanto hombres como mujeres, adoptaron el kalasiris, una pieza en forma de rectángulo de tejido de lino delgado con una abertura para introducir la cabeza. Durante el Imperio Romano a esa pieza de tela se le agregarán mangas y se denominará túnica manicata. En la Edad Media y hasta el siglo XIV la camisa fue una prenda interior de color blanco cuya función consiste en proteger la piel de otros tejidos exteriores más ásperos.5​ Como se consideraba ropa interior carecía de botones para cerrarla y su misión era cubrir el cuerpo antes de colocar la casaca o la chompa.


Principios del siglo XIX

Camisa de mediados del s. XIX

A medida que las prendas militares fueron acortándose hasta terminar en la actual chaqueta o americana y chaleco la camisa fue quedando al descubierto, con lo cual comenzó a existir la necesidad de rematarla en puños y cuellos con entidad.

La camisa blanca, para muchas personas, era símbolo de aristocracia, porque eran los que solían mantenerlas limpias. A principios del siglo XXI, una camisa blanca sigue manteniendo para muchos un carácter de distinción; pero también es porque el blanco es un color neutro6​ muy fácil de combinar con los distintos colores que puede aportar los trajes y sobre todos las corbatas.


A lo largo de la historia esta prenda también ha guardo un sinfín de simbolismos, por ejemplo: En la tradición celta, los sacerdotes decían que “toda piel cubierta por camisa no será alcanzada por ninguna enfermedad”, en pocas palabras, para ellos la camisa era un símbolo sagrado de protección.


Pero la camisa moderna que hoy conocemos fue teniendo sus comienzos a finales del siglo XIX, aunque al principio era una prenda voluminosa, de mangas largas y sin forma, se consideraba una prenda interior y nunca debía usarse sin chaleco, especialmente si los caballeros se encontraban ante ojos femeninos. Por esta razón, el ajuste acentuado que conocemos hoy no era necesario, por lo tanto estas camisas seguían siendo holgadas y al no tener una abertura frontal, se usaban sobre la cabeza.

 Para 1871, apareció la primera camisa de vestir con una tapeta abotonada gracias a Brown Davis & co. y de ahí vinieron solo buenos tiempos para esta increíble prenda.


La camisa blanca pronto fue considerada en el “epítome de la elegancia”, y es que en general se consideraba que solo que los ricos eran el único grupo social que podía permitirse una de estas prendas ya que necesitaba ser lavada y planchada a diario.

Como la camisa en sí servía para proteger la piel y lo único que se veían eran los cuellos, eran bastante utilizados los cuellos postizos. De esta forma, se podían lavar solo los cuellos y el resto de la ropa no, gracias a su nula visibilidad. Las personas que no tenían tanta posición económica en cambio, debían utilizar solo camisas de otro color o el estampado rayado el cual no mostraba una buena posición social.

Tipos de camisas


En principio las primeras diferencias las marcan su uso; así existen:

  • Camisa informal: la pensada para ser lucida sola o bajo prendas deportivas y como tales no están pensada para lucir con corbata y suelen tener botones en el cuello.



Uso político del término camisa


Los camisas rojas de Garibaldi

La exhibición de la camisa como uniforme paramilitar de un determinado color fue signo distintivo de los fascismos de los años 1920 y 1930, a partir de los:

  • Camisas negras italianas (que a su vez tomaron la idea de los camisas rojas que impulsaron la Unificación Italiana a las órdenes de Garibaldi). Hubo blackshirts en Inglaterra y camisas negras en las SA nazis alemanas y en Finlandia.
  • Camisas pardas (SA nazis en Alemania)
  • Camisas azules (España, Canadá, Irlanda, China)
  • Camisas verdes (Rumanía, Hungría, Brasil)
  • Camisas doradas (México)
  • Camisas plateadas (Estados Unidos)





fuente de información: https://es.wikipedia.org/wiki/Camisas_plateadas

 


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